Bonitos e inteligentes: investigadores japoneses descubren una nueva habilidad cognitiva en gatos

Se cree que los gatos han sido compañeros de vida de los humanos desde hace unos 9.500 años. Diversos estudios paleontológicos han sugerido que este compañerismo comenzó con el inicio de la agricultura. La existencia de plantaciones promovió la generación de plagas de roedores, lo cual atrajo a estos felinos y permitió el desarrollo de una relación de mutuo beneficio entre gatos y humanos, en la cual los primeros recibían alimento mientras los segundos lograban obtener cultivos libres de roedores. Este vínculo se ha fortalecido a lo largo de la historia y, actualmente, los gatos son la mascota ideal para muchas personas, ya que presentan cierto grado de independencia y a la vez son una gran fuente de cariño y ronroneos. Hay muchas características que nos agradan de estos animales, como su belleza, su suavidad y, por supuesto, su notable inteligencia.

La inteligencia de los gatos también ha llamado la atención en el campo de la ciencia y se han realizado interesantes descubrimientos que relacionan la cognición con la capacidad auditiva de estos felinos. Por ejemplo, se ha descrito que, al escuchar la voz de su dueño, ellos esperan ver el rostro de su dueño, por lo tanto, pueden identificar a humanos específicos a partir de su voz. También se sabe que pueden identificar emociones a partir de sonidos, por ejemplo, son capaces de relacionar la voz de enojo de su dueño y de otros gatos con la expresión facial de enojo, esto indica que efectivamente tu gato sabe que estás enojado, pero probablemente no le importa. Adicionalmente, si has pasado el tiempo suficiente cerca de algún gato podrás haber notado que poseen oídos sensibles y orejas que se pueden mover de manera independiente y en todas las direcciones, estos atributos físicos les permiten utilizar de manera óptima el sentido de la audición.

Con el objetivo de seguir estudiando la inteligencia de estos animales y su alta capacidad auditiva, un grupo de investigadores japoneses liderados por Hika Kuroshima, en la Universidad de Kioto, decidieron indagar sobre una habilidad denominada cognición socio-espacial.

La cognición socio-espacial es la capacidad de mantener una representación mental de la ubicación de otros seres vivos. Al respecto, se sabe que los seres humanos desarrollan esta habilidad en el periodo de lactancia. Otras especies de animales que presentan este tipo de cognición son las suricatas y monos vervet, los que pueden “mapear” espacialmente a otros utilizando información auditiva, correspondiente a las vocalizaciones de sus congéneres, es decir, los sonidos que emiten los miembros de su manada. Incluso, estos animales muestran señales de asombro si las vocalizaciones de sus compañeros provienen desde un lugar imposible. Se ha sugerido que esta capacidad está codificada en una zona del cerebro denominada hipocampo (por su forma semejante al caballo de mar), esta zona también está fuertemente involucrada en la memoria y en otros procesos cognitivos.

Evolución de la inteligencia

Estudiar la cognición socio-espacial es una buena forma de investigar cómo ha evolucionado la inteligencia en distintas especies y, como ya vimos, los gatos son una especie que llama la atención por su inteligencia y su alta capacidad auditiva, por lo tanto, es necesario responder a la pregunta: ¿Podrán los gatos mapear espacialmente a otros utilizando la audición?

Para responder a esta interesante pregunta, se evaluó el comportamiento de gatos en su propio ambiente familiar, los que correspondían en el caso de algunos gatos a su casa y en el caso de otros, a una cafetería de gatos, un tipo de cafetería muy popular en países como Japón, en las cuales se disfruta de la compañía de gatos mientras se consumen los alimentos. Se escogió una habitación grande en estos lugares que tuviera dos puertas, o bien, una puerta y una ventana, ambas bien alejadas entre sí, y se ubicó un parlante cerca de cada abertura, uno por dentro de la habitación y otro por fuera de la habitación.

En este espacio se realizaron tres experimentos, cada uno con dos etapas. El primer experimento consistió en evaluar la reacción de los gatos al escuchar voces humanas. En la primera etapa se reproducía la voz del dueño del gato desde uno de los parlantes y en la segunda etapa se tenían distintas condiciones dependiendo de la ubicación del parlante por el cual se reproducía el sonido y de la naturaleza de este, que podía ser la voz del dueño del gato o la de un humano desconocido. Posteriormente, se determinó el grado de sorpresa de los gatos en las distintas condiciones de la segunda etapa a partir de criterios como el movimiento de orejas, de la cabeza, y el desplazamiento.

Se observó que los gatos presentaron un mayor grado de sorpresa cuando en la segunda etapa el sonido provenía desde el parlante distinto al de la primera etapa, y se mostraron notablemente más sorprendidos cuando este correspondía a la voz del dueño. Cabe mencionar que ambos parlantes estaban bastante alejados entre sí y no era posible que una persona se trasladara de un lugar a otro en el tiempo evaluado. El hecho de que los gatos se mostraran sorprendidos por esta teletransportación imposible indica que son capaces de mapear la ubicación de su dueño a partir de su voz.

Para el segundo experimento se utilizó el mismo esquema, pero esta vez utilizando maullidos de gatos. Estos sonidos los consiguieron al grabar a gatos al momento de ser dejados solos en una habitación, los que se denominan maullidos de aislamiento. De esta forma, en la primera etapa se reprodujo el maullido de un gato familiar por uno de los parlantes y en la segunda etapa se tenían nuevamente distintas condiciones dependiendo del parlante por el cual se reprodujo el sonido y de si era el maullido del gato cercano o de un gato desconocido. Se esperaba que los animales se mostraran sorprendidos cuando el gato familiar pareciera teletransportarse, sin embargo, la condición en la que más se sorprendieron fue cuando escucharon la voz de un gato desconocido desde el parlante distinto. Se plantearon posibles explicaciones para este fenómeno, una de ellas consiste en que la mayor sorpresa de los gatos responda a una reacción emocional al percatarse de que hay gatos aislados alrededor. Otra posible explicación es que en realidad los gatos no hayan reconocido el maullido del gato familiar, ya que un dato interesante de estos animales es que solo dirigen maullidos para comunicarse con los humanos, no con otros gatos.

Por último, en el tercer experimento se siguió la lógica de los dos anteriores, sin embargo, en esta ocasión se reprodujeron sonidos no sociales de naturaleza electrónica, esto con el objetivo de asegurarse de que la sorpresa de los gatos en el experimento 1 se debió a que mapearon al dueño a partir de su voz, y no a que les llamó la atención que un mismo sonido se escuchara desde dos zonas alejadas entre sí. Como era de esperar, los gatos mostraron un mayor grado de sorpresa cuando el sonido provenía desde un parlante distinto, pero el grado de sorpresa fue el mismo independientemente de la naturaleza del sonido.

Cognición socio-espacial en gatos

En este estudio también se determinó que en los tres experimentos hubo un mayor grado de sorpresa cuando los sonidos provienen desde el parlante distinto al de la primera etapa, y cuando esto ocurría, los gatos volteaban la dirección de la cabeza desde el primer hacia el segundo parlante. Sin embargo, de todos los experimentos, la condición en la que los gatos demoraron un menor tiempo en voltear la cabeza fue cuando escucharon la voz del dueño desde un parlante distinto, en el experimento 1. Estos resultados confirman la idea de que estos animales pudieron determinar la ubicación espacial de su dueño solo con escuchar su voz.

Esta es la primera investigación que estudia la cognición socio-espacial en gatos y sus resultados nos reafirman que estos felinos presentan una gran inteligencia que ha evolucionado en conjunto con su estrecha relación con los humanos. Este tipo de estudios nos ayudan a entender cómo se ha desarrollado la inteligencia de diversas especies de animales y permiten evaluar la potencial influencia de factores del entorno en la cognición. Hasta el momento, investigaciones similares sugieren que efectivamente el entorno es capaz de modificar el comportamiento social de algunas especies a través de la actividad de estructuras cerebrales como el hipocampo. Con esto en mente, solo nos queda seguir disfrutando de la compañía de los gatos, unos increíbles animales que nos entregan amor y nos sorprenden día a día.

Fuente: https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0257611

*Este artículo surge del convenio con el Centro Interdisciplinario de Neurociencia de la Universidad de Valparaíso.