Boris Johnson cede a las presiones y dimitirá como primer ministro de Reino Unido

Boris Johnson dimitirá el jueves de su cargo como primer ministro de Reino Unido tras haber perdido el apoyo de varios de sus ministros y compañeros del Partido Conservador británico, que dijeron que ya no está en condiciones de gobernar.

Con la dimisión de ocho cargos ministeriales, entre ellos dos secretarios de Estado, en las últimas dos horas, un Johnson aislado e impotente se dispone a ceder ante lo inevitable y anunciar su dimisión el jueves, según dijo una fuente gubernamental.

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La oficina de la residencia oficial de Johnson confirmó que el primer ministro británico realizará una declaración al país durante el día.

Tras días de lucha por su puesto, casi todos los aliados de Johnson lo han abandonado, después de que el último de una serie de escándalos acabó con su disposición a apoyar al mandatario.

«Su dimisión era inevitable», dijo en la red social Twitter el vicepresidente del Partido Conservador, Justin Tomlinson. «Como partido debemos unirnos rápidamente y centrarnos en lo que importa. Son tiempos serios en muchos frentes».

Los conservadores tendrán ahora que elegir un nuevo líder, un proceso que podría durar unos dos meses. No estaba claro si Johnson seguirá con un papel interino o si siquiera podrá hacerlo mientras se elige a la persona lo sustituya al frente del Gobierno.

«Además de dimitir como líder del partido, el primer ministro debe renunciar a su cargo», dijo el parlamentario conservador Nick Gibb. «Después de perder tantos ministros, ha perdido la confianza y la autoridad necesarias para continuar».

Los apoyos de Johnson se han evaporado en unas de las 24 horas más turbulentas de la historia política británica reciente, llegando al extremo de que su ministro de Economía, Nadhim Zahawi, que no fue nombrado para su puesto hasta el miércoles, ha pedido a su jefe que dimita.

Zahawi y otros ministros del gabinete acudieron a Downing Street el miércoles por la noche, junto con un alto representante de los parlamentarios que no forman parte del Gobierno, para decirle a Johnson que se el juego se ha acabado.

Inicialmente, Johnson se negó a irse y parecía dispuesto a atrincherarse, despidiendo a Michael Gove, uno de los miembros más importantes de su equipo ministerial y uno de los primeros en decirle que tenía que dimitir, en un intento de reafirmar su autoridad.

Un aliado de Johnson declaró al periódico Sun que los rebeldes del Partido Conservador «tendrían que mancharse las manos de sangre» para deshacerse de Johnson.

Pero el jueves por la mañana, cuando se sucedieron las dimisiones, quedó claro que su posición es insostenible.

«Esto no es sostenible y sólo empeorará: para usted, para el Partido Conservador y, lo más importante, para el país», dijo Zahawi en la red social Twitter. «Debe hacer lo correcto e irse ahora».

Algunos de los que permanecieron en su puesto, entre ellos el ministro de Defensa, Ben Wallace, dijeron que sólo lo hacían ante la obligación de mantener la seguridad del país.

Se han producido tantas dimisiones ministeriales que el Gobierno se enfrenta al riesgo de parálisis, ya que nadie parece dispuesto a aceptar los puestos vacantes.

De popular a repudiado

El heterodoxo Johnson llegó al poder hace casi tres años, prometiendo llevar a cabo la salida de Reino Unido de la Unión Europea y rescatar al país de las amargas divisiones que siguieron al referéndum del Brexit de 2016.

Desde entonces, algunos conservadores habían respaldado con entusiasmo al que fuera periodista y alcalde de Londres, mientras que otros, a pesar de sus reservas, lo apoyaban por su capacidad de atraer a partes del electorado que habitualmente rechazaban a su partido, algo que se confirmó en las elecciones de diciembre de 2019.

Pero el enfoque beligerante y a menudo caótico de su estilo de gobernar y una serie de escándalos han agotado la buena voluntad de muchos de sus legisladores, mientras que las encuestas de opinión muestran que ya no es popular entre la población en general.

La reciente crisis estalló después de que el diputado conservador Chris Pincher se viera obligado a dimitir por acusaciones de haber metido mano a hombres en un club privado.

Johnson tuvo que disculparse después de que saliera a la luz que había sido informado de que Pincher había sido objeto de anteriores denuncias por conducta sexual inapropiada antes de que lo nombrara. El primer ministro dijo que lo había olvidado.

Este incidente llegó tras meses de escándalos y errores, incluyendo un informe condenatorio sobre las fiestas con alcohol en su residencia oficial y oficina de Downing Street, que infringieron las estrictas restricciones del país por el COVID-19 y acarrearon una multa para el primer ministro por una reunión para celebrar su 56º cumpleaños.

A todo ello se suman los bandazos políticos, una desafortunada defensa de un legislador que infringió las normas de los grupos de presión, y críticas de que no ha hecho lo suficiente para atajar la inflación, mientras muchos británicos luchan para hacer frente a la subida de los precios de los combustibles y los alimentos.

Keir Starmer, líder del Partido Laborista de la oposición, dijo que la dimisión de Johnson es una buena noticia para Reino Unido.

«Pero debería haber ocurrido hace mucho tiempo», dijo. «Siempre fue inadecuado para el cargo. Ha sido responsable de mentiras, escándalos y fraudes a escala industrial».