«Carmen o Cómo me inicié en el negocio de bailar sin ropa»: la búsqueda de ese lugar en el mundo que todos queremos encontrar

El título de esta novela publicada recientemente por Editorial Cuneta es muy sugerente, porque uno imagina muchas cosas que pueden venir; y al leerla uno se da cuenta que las cosas vienen y lo más importante es cómo vienen.

La historia es simple: una joven viaja a Australia y después de algunos trabajos sin mayor encanto, decide, mediante la proposición de una amiga, hacerse stripper, bailarina nudista, o toplera como diríamos acá. Pero no se trata de clubes de poca monta, sino de locales de categoría para hombres con dinero. Clubes nocturnos con guardias, reglas claras, cámaras y precios altos, muy altos.

La obra está compuesta por varios capítulos breves, no sigue un orden lineal cronológico. Romina Pistolas nos va guiando por el laberinto de este recuento. Va mezclando los recuerdos de su niñez y juventud en Calbuco; con su vida de stripper al otro lado del mundo y uno va armando la historia en la cabeza, porque la vida no es lineal, convivimos permanentemente con nuestros recuerdos o con lo que queda de ellos.

El libro es muy entretenido por la historia misma, por los cortes entre pasado y presente, por el contraste entre las preocupaciones cotidianas de Carmen o Romina y sus disquisiciones más profundas acerca de su familia, su búsqueda, el dinero, el amor y el desamor, etc. Por una parte aparece como una joven mujer muy decidida e independiente, capaz de enfrentar los desafíos que significan vivir en otro lugar, adaptarse a los nuevos códigos y forjarse su propia identidad contra lo que puedan pensar otros; pero también vemos que siempre está preocupada por cómo enfrentar su realidad con su familia, y cómo habita en sus recuerdos de su Calbuco. Dicen que uno nunca abandona su pueblo. Aunque a veces ese pueblo no sea más que un puñado de calles, una plaza y unos pocos personajes a los que siempre acude.

Otro punto a su favor es el rescate del lenguaje chileno. En muchas obras nos hemos acostumbrados a leer términos relacionados con el sexo de origen español, argentino e incluso gringo, como “cachonda”, “bubbies”, “la cola”, “la polla”. Acá las tetas siguen siendo tetas; el pico, pico, y los hombres siguen estando calientes y no cachondos. Me parece un acierto porque así el relato no es descafeínado. Es más provocador. La autora es directa y eso en Chile es raro porque siempre estamos tratando de decir algo sin decirlo, nombrar las cosas sin que nadie se moleste, rozar la verdad para no incomodar. Romina Pistolas no tiene ese vicio y escribe como piensa. El humor también es un punto a destacar, no es un punto menor; porque pienso que el humor no ha sido considerado en toda su amplitud y profundidad. En “Carmen,…” el humor es una forma también de enfrentar los malos momentos y la soledad.

La autora protagonista es muy observadora y aguda en el momento de retratar a algunos personajes. Los hombres que aparecen en el relato siempre quedan en deuda o simplemente son unos pelotudos sin posibilidades de cambiar de condición. Hay un capítulo dedicado a la abuela y que me parece que además de ser un homenaje a una persona específica, es un homenaje a las mujeres; es un pequeño resumen de parte de nuestra historia, de nuestra historia oculta que aún existe, del patriarcado en su esplendor.

“Carmen o Cómo me inicié en el negocio de bailar sin ropa”, no es un libro solo de anécdotas que vive una mujer joven en un club nocturno, es el repaso por una vida, por su recuerdos, por su temores, por la búsqueda del amor, de la amistad, del valor de cariño; también es un manifiesto por la libertad individual y sexual de las mujeres en un mundo construido para el goce de los hombres y por último creo que es la búsqueda de ese lugar en el mundo que todos queremos encontrar.