Cineasta argentino Diego Lerman y su película sobre la educación: «Un docente puede marcar la diferencia»

Una película en torno a los conflictos de la educación secundaria abarca El suplente, una cinta del realizador argentino Diego Lerman que es parte del Festival Internacional de Cine de Viña del Mar, de entrada liberada, que comienza este lunes.

Recientemente estrenada en el festival de San Sebastián, la película está protagonizada por el trasandino Juan Minujín y el actor chileno Alfredo Castro.

La cinta se ambienta en suburbios de Buenos Aires en la actualidad. Lucio, un prestigioso profesor universitario, acepta el puesto de profesor sustituto en un instituto de los suburbios de la capital argentina, donde se ha criado. A través de cuentos, novelas y poesías, intenta distraer a su clase de la dura realidad de su vida cotidiana. Pero pronto debe abandonar sus obligaciones profesionales cuando Dilan, uno de sus alumnos, es amenazado por un capo de la droga local.

«Claro que creo que un docente puede salvar y marcar la diferencia. Creo que acá es de una manera explícita, pone el cuerpo y, bueno, se implica, pero hay muchísimos docentes que día a día lo hacen desde distintos lugares, en escuelas como la que cuenta la película, de ir a buscar a las casas a los chicos que dejan, para convencer a sus padres de que regresen a la escuela, de ayudarlos en situaciones de violencia», comenta.

La película se podrá ver el viernes 18 de noviembre, a las 20:30 horas, en el Cinemark Espacio Urbano, sala 5 (Av. Benidorm 961, Población Vergara, Viña del Mar), donde además habrá un foro con el realizador.

El festival se extenderá hasta el sábado y las proyecciones se llevarán a cabo en cuatro sedes: Cine Arte, Cinemark Mall Marina Arauco, Cinemark Espacio Urbano y la Sala Aldo Francia del Palacio Rioja. Todas las funciones son con entrada liberada. Incluye un foco dedicado a Brasil, además de funciones y estrenos de películas que llegan a Viña avaladas por sus triunfos en festivales internacionales.

Trayectoria

Lerman (Buenos Aires, 1976) tiene una larga trayectoria cinematográfica. Dirigió su primer largometraje en 2002, Tan de Repente, que narra el viaje de iniciación de tres jóvenes lesbianas. Poco después, fue acogido en la Residencia del Festival de Cannes (Cinéfondation), donde se dedicó a escribir su siguiente película.

En 2006, su segundo largometraje, Mientras tanto, se proyectó en el Festival de Venecia. Esta película, que navega entre los destinos de los personajes en Buenos Aires, está en el límite entre la comedia y la tragedia.

Después dirigió El ojo invisible, ambientada en un instituto argentino durante la dictadura militar. Rodada en 2010, compite en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes.

 

El cineasta Diego Lerman.

En este caso, cuenta, el guión parte de una propuesta inicial que le acercó el cineasta Juan Vera.

«Juan tenía una primera investigación hecha sobre algunas escuelas del conurbano y a mí lo que me cautivaba de trabajar con la historia de un docente es cómo ese lugar, un poco a veces como un poco invisible, en donde, bueno, en una sociedad tan complicada, con tantos vericuetos como la docencia, en realidad apuesta a la construcción y a la idea de futuro», explica.

«Me pasó eso también siendo docente, pero sobre todo en lugares más extremos, como los que trata la película. Ahí se vuelve como más hasta decisivo y el acto de ser docente, de ir a enseñar a esas escuelas con ese cotidiano tan complicado, con esa idea de futuro tan en crisis, con un presente todo el tiempo entre violento, a veces marginal, y por otro lado un montón de oportunidades, de ver que esos chicos están ahí y que tienen por ahí nada, todo por muy receptivos, cómo la comunicación a través de la docencia tiene como que ver con otro lenguaje, a veces de lo social. No sé, todos tenemos un maestro, una maestra, que un poco no sé si nos cambió la vida, pero sí nos enseñó a verla de otra manera o nos amplió el horizonte, o entonces hay algo de estas relaciones que me cautivaba mucho», explica.

El proceso de guion fue a lo largo de varios años. A partir de la propuesta de Vera, Lerman realizó su propia investigación: entrevistas a escuelas, visitas a docentes, alumnos también.

 

«Un poco yo, lo que me indagaba, era ver qué película quería hacer, porque había muchas películas posibles. En una primera etapa, bueno,  estaba por ahí más yo solo, Juan me acompañaba un poco, su rol más de productor también, y después fui sumando, la llamé a María Meira, que se sumó para algunas etapas del guion, también más adelante Luciana de Melo, que ya había dado clases en zonas, sobre todo en la cárcel y en algunas escuelas».

Se fue ampliando la investigación y en un momento Lerman decidió cómo focalizar en el docente –que le interesaba mucho–, Lucio, el protagonista.

«Me interesa mucho la posibilidad de que sea de otra clase social, de que sea que sienta que es como un trabajo un poco sobrecalificado para él, que él estaba como en realidad que viene de la universidad, y a partir de ahí también fue construir un personaje que está en crisis, porque no es sobre docencia que veamos la película, sino que lo que atraviesa es como un momento de la vida de este profesor, en donde lo que va encontrando en la docencia es también un porqué, una razón de ser, y eso es un poco su búsqueda».

«Yo trabajé con varios recuerdos de un profesor de literatura que tuve bastante importante en la etapa secundaria, Aníbal Jarkowski, y un poco ese fue el trabajo, fueron varias versiones como te digo, distintos momentos y mucho trabajo de campo y en el trabajo de campo un poco de presenciar las clases, de charlar con los docentes también, ver esa fina franja y esa diferencia que así es esencial entre los docentes que se implican con esa realidad, con la realidad que vive en el cotidiano, y los que no. Los que van a hacer su trabajo y se vuelven a la casa y bueno. Y entonces un poco el dilema, o lo que me interesaba que se le plantea a Lucio, era eso. Él va con una idea de docencia y se termina transformando en otra cosa, así como empieza a dar una clase sobre el policial y cómo está construido y cómo se construye la intriga en términos literarios y la policía, la Gendarmería de golpe entra por la puerta de la escuela, y la película un poco adopta una trama policial».

Lerman insiste en que cree que un docente puede puede salvar y marcar la diferencia.

«Creo que acá es de una manera explícita pone el cuerpo y, bueno, se implica, pero hay muchísimos docentes que día a día lo hacen desde distintos lugares, en escuelas como la que cuenta la película, de ir a buscar a las casas a los chicos que dejan, para convencer a sus padres de que regresen a la escuela, de ayudarlos en situaciones de violencia, en fin, infinidades que me ha tocado conocer a partir de la investigación de la película, y por otro lado también de otras maneras».

«Creo que para muchos de nosotros siempre hubo unos docentes que nos abrieron una puerta, que en la vida han sido muy importantes. A veces no solo tiene que ver con el conocimiento, sino con iluminar a veces una materia. A veces un autor, a veces una actividad, una perspectiva de vida. Yo creo que la docencia es transformadora, un poco en el marco de la película lo que se juega es como lugar un poco precario, y bueno, en esa precarización de la educación, todavía existen estas redes, esos impulsos, esos seres que a través de la docencia y frente a toda la diversidad, siguen apostando a ella y al día día. Un poco la película también es un reconocimiento hacia todos ellos».

El puente Avellaneda.

Una de las claves de su trabajo es el cambio de escenarios de la cinta, donde por un lado está la capital Buenos Aires, muy de clase media, y por otra la periferia, en este caso el barrio de Avellaneda, al cual se llega tras cruzar el puente sobre el Riachuelo.

«Esto era algo que me interesaba mucho, que se vea visualmente ese límite, esa idea de primero que la escuela se note que está como en una especie de borde, borde urbano quiero decir. Junto con el director de arte y el director de fotografía trabajamos mucho en eso, en encontrar locaciones y buscar encuadres, donde se note esa idea de que está fuera de la zona céntrica, y por otro lado me interesaba, como decía anteriormente, que sea un personaje de clase media que cruza un puente o un límite. Encontramos el puente este y que me parecía muy, visualmente, muy gráfico y que se adentra en otro mundo, en un mundo donde es un extranjero. Iba con sus herramientas creyendo que está sobrecalificado y sus herramientas no funcionan en ese lugar y entonces a partir de ahí se empieza a interrogar no solo acerca de las herramientas que tiene que usar, sino acerca de qué hace ahí, para qué enseñar lo que enseña, las preguntas tal vez más básicas y esenciales», comenta Lerman.

«Y a partir de empezar a buscar esas respuestas es que comienza también a encontrar respuestas por ahí más interiores sobre el momento de la vida en el que está. Por ahí respuesta frente a la crisis que está atravesando un poco, eso me interesaba y me interesaba mostrar una zona urbana, que si bien era de pobreza y marginalidad, que no sea como, no esté asociada a esto de la pornomiseria, como una zona lo más humana y lo más, este, menos pintoresca que sea posible, digo, como que sea una zona arquitectónicamente. Esa zona me interesó mucho, que es la zona del sur del municipio de Avellaneda. Filmamos por Isla Maciel, Dock Sud, una zona portuaria, y bueno, como toda zona portuaria está el Riachuelo, y ahí al estar el Riachuelo están los barcos, están los los talleres de los barcos, y por otro lado están los puentes, y había algo del ir cruzando un puente y la frontera entre el centro y la periferia, que me parecía visualmente muy atractivo de mostrarlo así».

Colegios de élite

Otro conflicto que plantea la película involucra a la hija del protagonista. Ella está en una época de exámenes para entrar a un colegio de élite, pero se resiste y entra en conflicto con sus padres por esto.

«A mí me interesaba cómo desplegar el lugar también más privado de este personaje, del personaje de Lucio, y un poco a buscar ese lugar un poco contradictorio, a veces, no sé, como bastante típico de la clase media, o cierta parte de la clase media ilustrada de Buenos Aires, como esto del Colegio Nacional Buenos Aires», explica Lerman, en alusión a un colegio público de élite de la capital argentina.

Se trata de «un lugar al que acceder, que es muy elitista, pero a la vez es público, pero que hay que hacer unos exámenes, un examen de ingreso, muy complicado, en el que no todos lo pueden sostener, y generalmente las preparaciones son en institutos privados que hay que pagar, y generalmente la mayoría de los que se preparan en estos institutos privados tiene posibilidades, y los que no, no».

«Entonces había algo de esa contradicción y desde el lugar de dar un legado de querer para los hijos algo, y la imposibilidad de escuchar también del personaje que hace la hija, que, bueno, que finalmente no quiere ir ahí, no quiere pertenecer a ese lugar que el padre tiene pensado para ella, y bueno, un poco a partir de eso es que entró esa trama a la película».

Participación de Alfredo Castro

En cuanto a Alfredo Castro, interpreta al padre del protagonista. Es llamado «el chileno», se dedica a ayudar a los más necesitados del barrio, y entra en colisión con un capo local del narcotráfico.

«Mira, la inclusión de Alfredo fue ya con la película confirmada, el personaje escrito. A mí me parecía que estaba bueno que ese personaje lo haga alguien del exterior, alguien que pertenezca al barrio pero que no sea, no sé, argentino, y me acuerdo que lo leyó el guion una amiga mía, Natalia Smirnoff, que también es directora, y me sugirió a Alfredo», recuerda.

«Yo siempre quise trabajar con Alfredo, y un poco me iluminó esa zona, y bueno, y lo llamé, fue bastante directo, lo llamé, le mandé el guion y Alfredo lo leyó enseguida, y me contestó enseguida que quería hacerlo, y un poco a partir de ahí de su confirmación fue que reescribí el guion, el personaje para Alfredo, y a partir de ahí pasó a ser ‘el chileno’».

Para Lerman, Castro «ha sido un aliado maravilloso de este viaje que es El suplente, con un enorme honor y un gran gusto compartir el rodaje y la película con él, y creo que le ha dado una impronta a ese personaje maravilloso».

«Aparte Alfredo de ser un enorme actor, muy talentoso, bueno, en fin, no hace falta ni que hable de sus cualidades, allá lo conocen muchísimo,  pero es un ser humano excepcional y me encantó, me encantó haber podido trabajar con él».