«Cuestión de un minuto. Antología personal» de Iván Quezada: convertir el lenguaje en un objeto tangible

Para resistir en el mundo de la poesía se debe tener la piel gruesa y una cabeza dura. La energía necesaria para su creación no suele venir de la respuesta del público y la réplica a sus esfuerzos puede ser el silencio. Esa cabeza de piedra debe resistir los embates de una realidad utilitaria mientras en su interior retumba el sonido de las palabras.

Esa necesidad se podría resumir, según nos dice el autor, en convertir el lenguaje en un objeto tangible. Las palabras nos envuelven cotidianamente. Todo tiene nombre: Los objetos, los recuerdos y hasta los sueños. Las calles, las plazas, los gestos y el paisaje. ¿Cómo acusar de ellos por medio del lenguaje, manteniéndolo preciso y claro?

Podemos suponer que esa pregunta ha rondado la trayectoria vital de Iván Quezada hasta este punto, cuando nos entrega «Cuestión de un minuto», su antología personal. Quezada ha trabajado como periodista cultural, editor literario y ha publicado libros de poesía y cuentos.

El ejercicio de enfrentar tu propio trabajo, abordarlo nuevamente, volver a corregir y descartar puede sonar abrumador. Pero para un escritor es bastante común. Siempre cabe una mejora, un término más adecuado y un interminable etcétera.

Para abrirse a la posibilidad de dar algo por terminado requiere de decisión y freno. Y ese freno, tiendo a sospechar, es el balance que hace Quezada con este libro. Y a juzgar por la calidad de sus poemas debiera sentirse satisfecho y preparado para continuar.

«Desperté temprano y calculé la distancia de la cama con el techo, del sol con mis pensamientos. Ahora queda el día para averiguar la naturaleza de la noche. Estoy sano y vacío, como corresponde a un hombre de acción»

En su libro anterior, «Poemas del encierro» (Mago Editores) tal vez su mejor obra, consigue hacerse de una voz personal y clara de mano de un dominio de distintas técnicas y recursos formales. Hay algo de ese libro que permea los poemas de esta antología. Como si él escritor de Poemas del encierro hubiese visitado sus trabajos anteriores para intercambiar con ellos sus últimos logros. Creando una permanencia temática y formal que los hermana, comparten una misma música.

Los temas que abarca el libro no son sintetizables, son tantos como las palabras. Hay historias, recuerdos, observación vestida de una carga personal y social. La poesía, la política y la represión, el amor y el desamor. Chile o más bien ser chileno.

«Soy chileno
pago en cuotas
lo que no necesito,
hablo sin esperanza
con gente sin propósito»
«Pienso en la conveniencia
de mi muerte
para quienes me odian
y me digo que mi venganza
serán mis deudas impagas»

Hay territorios abiertos y encierro. Valparaíso, pensiones, carreteras y bares. Las montañas de Río de Janeiro y el metro de Medellín. Personajes anónimos, amigos y conocidos. Salvador Allende, Poli Délano, Machado y la muerte de David Bowie.

«El hombre de las estrellas
Ya no volverás al pasado
Ya no volverás al presente
Sólo te queda el futuro
la nada
la muerte»

No hay estereotipo más alejado de la realidad que la imagen del poeta maldito, sufriente, solitario. Puede haberlos, pero la verdad es que cada uno de ellos resulta ser único y necesario. Me detengo en el caso de Quezada, en su necesidad de contar por medio de las limitaciones del lenguaje el correr de los días en la vida. Atrapar a través del verso temas que aparecen de manera fortuita, para luego ser reconstruidos por las manos del eterno corrector.

Ficha técnica
Cuestión de un minuto.
Iván Quezada.
Mago Editores. 172 páginas