“Dislocar la herida”, resguardo de la memoria, territorio y patrimonio cultural como bien público

“Se entra al futuro retrocediendo”
Paul Valery (1871-1945)

El patrimonio como herencia y como cultura es tal vez la forma de mayor contacto que tenemos para identificarnos a través de sus múltiples y variadas expresiones. Del mismo modo, las creaciones artísticas nos permiten unir y manifestar las miradas acerca de los acontecimientos que nos asombran y hacen reflexionar sobre los temas que afectan al hombre, su cultura y el desarrollo en sus diferentes ámbitos de vida.
Sin memoria, no hay dolor, no vemos las cicatrices. La ausencia de los valores que dan sentido a nuestras identidades como herencia, medio geográfico y expresiones de la cultura permanecen en la indiferencia hasta el grado máximo de la ceguera. Si no los tenemos presentes y no los respetamos y cuidamos, surgen las heridas profundas y la perdida irremediable de nuestra condición humana y digna.

No hacer uso de los bienes culturales y lograr que formen parte permanente de nuestras formas de vida, impiden un normal crecimiento y no permiten “dislocar las heridas”, como lo proponen nuestras artistas Caro Bloj, Camila Bardehle y Daniela Castillo. Su curador, Eduardo Saubidet, nos interroga para saber ¿dónde se sitúa la cicatriz de esas heridas históricas? ¿Qué hacemos con nuestras heridas?

Las respuestas pueden ser múltiples y esta magnífica exposición, como iniciativa vinculada, obviamente través del espacio y las obras expuestas, es una de ellas. El espacio expositivo de la Perrera, que forma parte del patrimonio material e inmaterial de nuestra ciudad, ofrece un marco notable para el análisis y búsqueda de caminos para la comprensión de un tema trascendente en nuestra sociedad. Las obras de las tres artistas y su puesta en valor nos permiten aventurarnos en el análisis, búsquedas, respuestas, discusiones y aportes para el análisis del tema central.

¿Dónde se originan los grandes problemas de nuestra cultura patrimonial? ¿Cómo logramos evitar los desastres y aliviar esta enorme deuda de nuestra sociedad?

Desde una mirada centrada en los bienes culturales, el patrimonio y sus múltiples expresiones requieren de políticas y acciones claras para su conservación, estudio y puesta en valor. Los orígenes de los problemas son universales y afectan la vida de los seres humanos y la propia naturaleza y sus recursos. El hombre es su centro fundamental y los errores como los aciertos tienen inmediatos efectos en nuestras vidas. El listado de los errores se repite en todo el planeta, las alternativas de corrección nos motivan al cambio y forman parte de una mirada analítica y de mayor optimismo al futuro.

¿Como sanamos las heridas?

Sin duda debemos reconocer el origen de los problemas.

Todo daño patrimonial tiene causas naturales con efectos inmediatos y catastróficos. El medioambiente y los fenómenos geográficos nos afectan permanentemente con inundaciones, maremotos, terremotos, tormentas, erupciones volcánicas. A estos elementos se suman los efectos lentos y acumulativos, como los cambios de temperaturas y sus consecuencias biológicas. No obstante, las causas humanas no son menos dramáticas: guerras, urbanización, obras públicas, expolio, vandalismo, robos.

Los errores en la gestión cultural y la ausencia de políticas preventivas centradas en la vida de los habitantes aparecen como un desastre más en la lista de los causantes de dichas heridas.

A lo anterior debemos agregar que los olvidos, la falta de protección jurídica, la escasa investigación y los errores en la administración del patrimonio merecen ser denominados “causantes de los máximos desastres en la materia”.

El Centro Experimental Perrera Arte, formado a partir de una herencia histórica y patrimonio material e inmaterial del barrio Yungay, nos invita a través de esta importante muestra a revisar y conectar nuestro reciente pasado a través de estas propuestas íntimamente asociadas al conocimiento de experiencias y acontecimientos vinculados al rescate, conservación, investigación y toma de consciencia de los bienes culturales muebles e inmuebles. Una forma palpable y objetiva que nos permite dar muestras de los valores que contemplan nuestra propia identidad. No es obvio señalar que el hombre forma parte esencial de este patrimonio.

La Perrera, su lugar, historia, pasado, horror, diversión, pasatiempo de fin de semana, es parte de un barrio emblemático de Santiago poniente. Lugar anexo inmediato al río Mapocho, a la historia del club Colo Colo, a la estación Yungay, al también desaparecido Canódromo, la piscina y las orillas del río donde crecían en verano las ciruelas y los carretones retiraban las arenas y piedras para la construcción de calles y veredas del área poniente de la capital.

El río y sus espacios sociales fue y sigue siendo un punto de encuentro y memoria. Esta zona nos conectaba con el sur, el norte y el centro de Santiago, con el puerto de Valparaíso, Los Andes y Mendoza. Era lo inmediato con Estación Central vía línea subterránea, lugar elegido por Nicanor, Violeta y todos los hermanos Parra para crecer en familia, en la música y poesía de los treinta y cuarenta. Eso era el barrio Yungay y la Perrera como “justificación” de limpieza horrorizada, de hornos y basuras, y los dramas y llantos de familias y niños buscando a sus perritos. También ha sido lugar de hombres buscando a sus muertos en tiempos de dictadura junto al puente Bulnes.

Tiempo de memoria y crematorio de basuras y animales emocionalmente parte de nuestras familias.

¿Dónde nace esta conexión con el universo del arte y la creatividad? Algunas áreas fundamentales: escultura, video, textilería, diseño, ruinas y vestigios.

Toda creación humana fija tiempos claves: tiempo de creación, forma y función; tiempo de vida activa y útil; tiempo de vida pasiva y tiempo de transformación. La valoración fijará su espacio de acción, los valores nos dividen. Lo que intentamos es rescatar su memoria y la creación artística, perpetuar sus valores y contenidos emblemáticos.

¿Cuánto valoramos estar aquí y ahora, admirando esta conexión histórica con estos objetos?

Caro Bloj nos deja su testimonio sensible acerca de lugares y las experiencias que históricamente se reiteran. Y no solo en nuestros países, el mundo es testigo de la ausencia de protección de lugares y comunidades que han desaparecido producto de históricas usurpaciones. Pueblos completos con sus viviendas y cementerios han tenido que dar paso a represas o modernizaciones urbanas sin mayor discusión por parte de la sociedad. Cómo olvidar y cómo cicatrizar heridas de tanta profundidad. El agua aparece como un rito de sanación y el hombre y su memoria como un tema de los vivos que emerge desde los muertos.

En su obra, Carolina nos invita a considerar la importancia del espacio donde se desarrolla la vida de las personas y cómo el medio determina muchos factores en su identidad, en su carácter, entendido éste como su forma de ser y habitar el territorio. Definitivamente la historia da testimonios dramáticos que han horrorizado al mundo civilizado. La escultura, el cine, las imágenes y una mirada sensible en el relato nos llegan como una clara perspectiva del origen de esta realidad y sus heridas.

Camila Bardehle se plantea alternativas para plasmar su mirada a través de un trabajo donde el contacto con los vestigios y materia del dolor nos hace detenernos y sentir una maravillosa experiencia de trabajo consciente con la memoria. Su mirada está en el detalle de cada momento, los espacios y sus contenidos, su mensaje nos orienta y sus registros nos hacen revelarnos ante la ceguera de los valores patrimoniales que los componen. No solo la materia mueble, ella nos habla desde la emoción del detalle, de la paciencia y del tiempo que determina lecturas de identidades en medio de un silencio que conmueve.

Daniela Castillo nos lleva a una memoria ancestral milenaria. Su sentir está en los orígenes de los ritos, costumbres y vida de nuestras culturas precolombinas del norte de nuestro territorio. Las dimensiones de su trabajo nos conecta con la gigantografías del arte rupestre del inmenso desierto. Sus trabajos conectan con el mismo origen textil que la cultura Chinchorro tejió con fibra vegetales y animales los ritos de la vida y la muerte hace más de 7.500 años. Daniela y sus ojos nos ayudan a observar, contemplar y seguir aprendiendo que ver no es lo mismo que mirar, ni observar será igual que contemplar.

Detenerse sin tener más información que el contacto y las obras de estas tres artistas nos hace pensar que el silencio de la Perrera de hoy es tan potente como los alaridos dramáticos del ayer. ¿Qué más se puede pedir para dislocar las heridas?