Hijo del exilio presenta muestra en Biblioteca de Santiago: «Me ayuda a procesar un dolor que dura hasta hoy»

Una muestra con imágenes de Argel, donde pasó la primera infancia, llamada «Sobre la ensoñación», presenta actualmente en la Biblioteca de Santiago el arquitecto y artista plástico Luciano Ortiz.

«La exposición busca expresar principalmente el desarraigo que provocó el exilio de mis padres en mí, en tanto hijo de exiliados, pero creo que puede ser interpretada de manera más amplia, por el grupo que podemos llamar -y se hace llamar en Facebook y como ONG- los hijos e hijas del exilio», comenta el artista.

Ortiz estudió Arquitectura en la Universidad de Chile y luego urbanismo en la UC. Llegó a la biblioteca luego de dos exposiciones-venta autogestionadas, una en un pub en barrio Italia y otra en un departamento desocupado, esta última junto al fotógrafo Marcial Ugarte.

«Uno de los asistentes a la primera exposición (Jaime de la Cruz) está a cargo de la sala de Colecciones Generales de la biblioteca, donde normalmente hacen exposiciones, entiendo que de artistas emergentes. Él me ofreció la sala hace unas semanas y llevé prácticamente la misma muestra de la exposición anterior».

«Alger la Blanche».

Desarraigo

Aunque nació en Concepción, Chile, en 1972, en pleno gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende, y fue llamado en honor a Luciano Cruz (histórico líder del MIR fallecido en un accidente en 1971), a los dos años sale al exilio junto a su familia, inicialmente a Barcelona y luego a Argel, la capital de Argelia, en el norte de África, en aquel momento un país musulmán con un gobierno socialista y laico, donde se instalaron en 1974.

Fue allí, con el idioma francés como lengua y frente al Mediterráneo, donde se crió y forjó sus vínculos Ortiz. Vivió en Cité Cilà, Birmandreis, fue a la guardería del Jardin d’Essai y al colegio a la École des Pins, entre chilenos e hijos de franceses residentes, los «pieds-noirs».

Todo eso terminó abruptamente en 1980. Debido a problemas familiares, en agosto de ese año, su madre decidió abandonar intempestivamente el país junto a sus tres hijos, para regresar a Chile. Lo que iban a ser unas vacaciones se transformó en una estadía permanente.

«Desarraigo 1 – La arena»

«Mi desarraigo tiene que ver entonces con la pérdida de Argelia, una pérdida que abarca desde mi padre hasta mis juguetes, pasando por el clima, el idioma, el Mar Mediterráneo, el colegio y los amigos, las vacaciones en Europa, etc.», comenta, esto último en referencia a las visitas que solía realizar la familia a otros exiliados –familiares y amigos chilenos– que en aquella época vivían en España o Alemania.

«La exposición muestra el desarraigo, la añoranza o nostalgia –que, estoy seguro, es culpable de las múltiples depresiones que he sufrido desde los ocho años– y el shock del cruce violento entre dos realidades: en un agosto dejé un verano argelino –junto a todo lo demás que dejé–, por un invierno chileno en dictadura, en una casa indeseada –de mi abuela–, en una ciudad que para mi gran sorpresa no era blanca ni, por lo tanto, tan luminosa como Argel, la capital de Argelia, donde vivíamos».

«Fantasía del Magreb 2»

Retorno a Argel

En Chile, Ortiz terminó el colegió, se licenció en la universidad, se casó y formó familia. Pero demoró 32 años en regresar a lo que, para él, constituye un lugar de origen.

«Mi pareja me llevó a Argelia –¿a matar fantasmas?– en 2012, es decir, 32 años después de mi salida de allá. Las imágenes de sitios fueron tomadas ese año con un buen teléfono de la época –con una muy buena cámara– y corresponden principalmente a Argel –el puerto– y los balnearios de los alrededores, y a veces se cruzan con Santiago de Chile en series que representan el shock de la diferencia», explica.

«Entre las imágenes de Argel también está la Casba, una especie de ciudad antigua y laberíntica, que fue un bastión de resistencia en la guerra de independencia de Argelia, que fue colonia francesa por un siglo y medio. Además hay otras imágenes que, más indirectamente, refieren a lo que podría llamar una añoranza sin nombre y que fueron tomadas en distintos lugares de Santiago. Añoranza sin nombre porque muestran vacío, aunque se trate de objetos o construcciones».

Mostrar esas imágenes, en sus palabras, es «algo que me brota simplemente, algo que me ayuda a –aunque no resuelve– procesar un dolor que dura hasta hoy».

«Fantasmas, Alger la Blanche 1»

Exilio y arte

Ortiz dice que todo su arte ha estado marcado por el exilio, «mi exilio, de Argelia a Chile en medio de mi infancia –y en medio del verano, lo que es muy importante, pues deja marcas sensoriales en un niño de ocho años–, un dolor permanente por la ausencia de mis raíces, que reconozco allá, en lo francés que tenía Argelia en esa época –de hecho, hablo francés y no árabe–, aunque sé que en eso hay una cuota alta de fantasía».

«Argelia ya no es la misma, ya no queda ningún francés después de la ‘década negra’ de 1990, en que los Hermanos Musulmanes degollaron a todo lo que no fuera como ellos», expresa.

«He hecho otras cosas, escrito mucho –sin publicar–, pinté algunos cuadros en acrílico, realicé un cortometraje bastante artesanal que, considero, es la narración más completa que he hecho de mi dolor de exilio».

«Alger la Blanche 2»

Consultado sobre sus influencias artísticas, para Ortiz su fuerte es más bien la narrativa, «creo que eso se nota en los títulos de mis cuadros –aunque parezcan tan simples, esos títulos–, y en eso me inspiran escritores franceses bien diversos que van desde Camus a Houellebecq».

«Además, soy arquitecto, por lo que mi formación académica me lleva a ‘ciertos lados’ como los edificios, lo urbano en general. En cuanto a influencias en el área plástica, es difícil de decir, porque no soy precisamente un erudito aunque tuve formación sobre eso, pero el surrealismo en general es una influencia, y no desprecio en absoluto la influencia de todo el arte –digital y convencional– que circula en internet y redes. Creo que en la actualidad esa es una fuente de influencia muy importante, para bien o para mal. Sobre la narrativa, creo que es bueno mencionar que el cortometraje Raíces de Niños, que hice en 2021, tiene una base esencialmente narrativa. Del mismo modo, si ves mis trípticos o cuatrípticos, son secuencias narrativas», concluye.