Investigaciones sobre tortura en Chile: el 8,8% de evaluaciones nacionales se hace a niñas, niños y adolescentes principalmente en Biobío y Los Ríos

El libro “El Protocolo de Estambul de Naciones Unidad y la Investigación de la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes durante la Democracia en Chile”, de la autora Jeannette Rosentreter y publicado por Ediciones Universitarias de Valparaíso, da a conocer la actual situación de la investigación de la tortura en Chile teniendo en cuenta los estándares comprometidos con el sistema de Naciones Unidas y el Comité contra la Tortura por parte del Estado de Chile.

Desde esta perspectiva, un aspecto que resulta preocupante, plantea la autora, es que en el período 2020–2021 el 8,8% de las evaluaciones a nivel nacional, basadas en la prueba del Protocolo de Estambul – hechas por el Servicio Médico Legal – hayan sido realizadas a niñas, niños y adolescentes. Por otra parte, también es inquietante que el 23% a nivel nacional corresponde a la evaluación de mujeres durante el mismo lapso de tiempo.

Además, es llamativo según Rosentreter que los más altos índices de evaluación a nivel nacional de ambos grupos para este período se concentren en la Región del Biobío y Los Ríos enciende una nueva alarma, ya que en estas regiones se encuentra la mayor cantidad de personas pertenecientes a pueblos originarios, sólo superada por la Región Metropolitana.

“Todo lo anterior debe ser objeto de atención teniendo en cuenta que la infancia y adolescencia, las mujeres y las personas pertenecientes a pueblos originarios se reconocen como grupos de especial protección en el derecho internacional de los derechos humanos”, sostuvo la investigadora.

“La aplicación de Protocolo de Estambul para la investigación y documentación de la tortura en Chile debe mirarse desde un contexto histórico amplio, que excede a las violaciones masivas y sistemáticas de los derechos humanos, teniendo en cuenta que estos actos de tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes han sido naturalizados durante dos siglos».

«En ese sentido implica la necesidad de un cambio cultural, social y político profundo para las y los actores relevantes involucrados en la prevención y erradicación de la tortura, así como para la ciudadanía en general en torno a visibilizar esta práctica y los efectos en las personas que la padecen como también las implicancias de normalizar estos hechos en un sistema democrático”, puntualizó la autora del libro que será presentado el 18 de noviembre.